26 junio 2006

Relojes

Creo que prefiero los relojes digitales cuando necesito que el tiempo pase rápido. No lo sé... En uno de agujas, puedes desesperar esperando a que el segundero avance, avance, avance para sólo recorrer un angulo diminuto, como si estuviera dando la vuelta al mundo. En uno digital, el número está fijo en pantalla, sigue fijo, sigue fijo... ah, una unidad.
La verdad es que da exactamente lo mismo, lo que importa es que haces algo durante media hora, miras el reloj... y apenas ha durado un par de minutos. Maldito mecánico del tiempo, manipulador compulsivo. Estas cosas pasan por mirar los relojes, su herramienta maléfica.

16 junio 2006

Etiquetas

Cada día, en cada ordenador, con cada contraseña, lo mismo. No, no me recuerdes, no es necesario, no quiero. Puedo decir quién soy cada una de las veces, puedo identificarme y recordar mi nombre, aunque sea un nombre electrónico inventado como garciaforever, el que sea, es lo de menos. Nada más que una etiqueta, como Marta, y eso que Marta fue puesto amorosamente al nacer, pero siguen siendo cinco letras, eso es todo, M-a-r-t-a.

Aunque todo eso ahora mismo tampoco importa. Total, los recuerdos para mucha gente no son más que cajas de cartón llenas de papeles y etiquetas. No quiero etiquetas, soy yo, ¿no me recuerdas? No, claro, te pedí que no lo hicieras.
No quiero etiquetas, no quiero acabar en una caja de cartón, no quiero fotos del pasado, no quiero textos, no quiero teacuerdas. Era yo, soy yo y seré yo, en un presente continuo sin principio ni fin. El principio no lo recuerdo y el fin no lo recordaré.

Como la edad. El lunes caen 34. ¿Caen? están, son etiqueta. Qué placer cumplir años, qué lujo de sabiduría creciente, maravilloso ejercicio de vivir desde la juventud en la mente, ejercicio de saboreo de la vida, de aprender continuamente la calma, la nada o el todo en la mente.

Dicen que me llamo Marta, el calendario me adjudicará 34 años, la genética me hizo medir 1,63... pero soy yo.

14 junio 2006

La hora del fútbol

Por fin, mi cabeza funciona. No está mal, casi las cuatro de la tarde. Me ha llevado un tiempo de reparación, engrase y puesta a punto. Activo el interruptor y... las piezas empiezan a rodar. Un pelín más, un par de cafés y como nueva.

Vaya tardecita tenemos hoy aquí, la oficina medio desierta con el dito fútbol. Total, lo de siempre: cada vez que intento seguir un partido, creo que resisto alrededor de 10 segundos antes de que la pantalla se convierta en un rectángulo verde con voz y mi cabeza empiece a divagar por su cuenta, sin guía. Para qué ir, más que para escuchar a los demás pegar voces. El tópico, los hombres se han ido. Aunque, si el tópico es cierto... ¿qué hace aquí el hombre de guatiné? ¿y el rubio? Evidentemente, es una divagación sin importancia.

No os lo perdáis. El rubio dice que es rubio con los ojos azules. Tendríais que verlo, un aire a Alfredo Landa versión rizos, grande (más hacia el centro de gravedad), gutural y sabihondo. Es de los que te rebaten un argumento con la mueca de y tú qué sabrás, cuando el que no sabe es él. Un portento, el rubio.

Cada vez entiendo menos a la humanidad, de verdad. Buah, hace ya tiempo que desistí de intentar comprender a un porcentaje de alrededor del 90% de las personas... las iba acumulando en el cesto de Para comprender allá por la adolescencia, cuando todo era un reto, una aventura o una desgracia... hasta que el cesto desbordó y directamente lo saqué al tendedero de las causas perdidas. Ahí sigue, chorreando personas por la fachada para abajo. Menos mal que mi puñado de comprensibles está a salvo.

Claro, que guatiné tres cuartas de lo mismo. Y eso que últimamente ha mejorado bastante, al menos se abstiene de hacer preguntas fuera de lugar o de intentar acompañar a la última incauta recién llegada hasta su casa. O está escarmentando con los hachazos, o está aprendiendo por qué se los dan. Como no le entiendo, pues no sabría deciros, aunque para mí que es la primera. Fue la astrofísica quien le puso el nombre, por lo marujo. Pobres marujas.

Gol, oigo por ahí. Ni un ring del teléfono ni un ruido aparte de los que salen de las entrañas del rubio.

Tendré que volver a destapar el fosforito que me regaló Dorothy y seguir marcando las ingeniereces que me encuentro en este texto...

30 mayo 2006

... hoy

Qué razón tiene Rafa, esto no es un buenos días ni es nada. Y eso que también creo que la fórmula de siempre me gusta más, desde luego es más fluída aunque tenga menos miga.
Pero a estas alturas ya no sé si hay un camino de retorno al estilo fresco de antes, he aprendido tantas cosas este tiempo... tantos momentos buenos y malos en los que aprender a leer de otra manera la vida, experiencia acumulada a base de mirar a los ojos y escuchar el mensaje profundo de las palabras. No tiene precio, desde luego.
Me encanta envejecer.

25 mayo 2006

...el curro

Curro, dulce curro... cuánto tiempo sin estar por aquí. Todo sigue como antes, pero no. La misma impresión al entrar: fuera, el sol del día hace entornar los ojos, naves grises, tejados grises en zigzag, coches, puerta de metal gris con picaporte medio suelto. Fuera, todos somos extraños, ni holas ni educación. Dentro, poca luz, pasa primero, pasillo mortecino y fresco, siempre gris, gente gris pululando con escuetos holas cuando existen, busco el numerito para fichar pero no hace falta hoy, no, ficha tú primero, he he gracias. La eterna barrera entre conocidos y desconocidos, igual que conduciendo, cada uno en su cápsula anónima que permite actuar sin tapujos, primitivamente. Pero aquí en el pasillo ya no.

La sala aún a oscuras, la primera en llegar, esto no es lo normal, busco unos interruptores que casi nunca he encendido, sala gris, la misma de siempre, monitores pseudoalineados, no hay plantas, no hay flores, no hay fotos, como siempre, como nunca, no se puede decorar, apenas un par de postits. Sólo el zumbido de las máquinas siempre funcionando y la tarima protestando mientras ando, molesta por que la despierte tan pronto.

Mi sitio, mi mesa, los papeles de siempre donde siempre, arranco. Contraseña caducada. Nada que hacer. Y va llegando la gente, con cuentagotas, primeros encuentros después de un tiempo, cómo se nota el grado de aprecio que me tiene cada uno de ellos. Algunos ni preguntan, otros: te hemos echado de menos.

Todo sigue como antes, pero no. Ya no son las caras de siempre, algunas nuevas pero todas tristonas, las ausencias pesan demasiado.

04 mayo 2006

Las tripas

Tal vez demasiado temprano para un "buenos días" en toda regla, habrá que echarle un poco de imaginación y pensar en ese sol que saldrá en unas cuantas horas, que iluminará el suelo y nos hará pensar que vemos mejor las cosas...

Y me encuentro por enésima vez delante de un folio electrónico en blanco, pantalla de cristal y yo, la cabeza repleta de ruidos de la vida y las teclas como herramienta mágica para deshacer un poco el entuerto, para plasmar un gramo de existencia cogido al vuelo y caducado al instante.

Y el gramo que acabo de coger es de sorpresa, pienso y pienso en las vueltas que da todo, en lo fácil que es desear algo pero, a pesar de todo, nos empeñamos en hablar del gran puzzle cósmico, o nos llenamos la boca fascinados por las casualidades, por la buena o la mala suerte. Qué fácil y qué absurdo, no aprenderemos nunca. Un deseo que detrás sólo tiene unas palabras calladas, lanzadas tontamente al viento, letras deshechas según salen por la boca. Un deseo de pacotilla detrás de otro, cegados por lo que creemos realidad.

Y nos olvidamos de los deseos de verdad, de los que salen de las vísceras, aunque ni siquiera seamos conscientes de que están ahí; si no los formulamos nosotros serán las tripas quienes se encarguen de hacerlo sin nuestro permiso, aunque eso nos destruya, lo gritará con mayúsculas y se agarrará al aire, indeleble.

Pero, si estamos atentos al lenguaje, podremos abrir los ojos de verdad, los ojos de las manos, del pecho, y leer la respuesta, reflejo perfecto del mensaje, instrucción obedecida por el mundo con precisión.

Pronuncié con palabras irrompibles el gran deseo, la madre de todos los pequeños: tener los ojos abiertos para poder leer el mundo entero. Inútil nadar, vida en tropel, en esencia, plena.

Así que, os doy los buenos días y... os deseo que abráis los ojos...